martes, 5 de julio de 2016




Solo el 10% de los animales se nutre de forma casera. ¿Qué hay para decir sobre los paquetes de alimento balanceado?

Mariano Melamed
PARA LA NACION
¿Qué pasaría si uno se come la comida del perro, esas croquetas secas de aspecto triste y grasosas al tacto? ¿O las latas húmedas de los gatos? Nadie se moriría, pero vomitaría un poco del asco: según los defensores de la alimentación natural, está comiendo deshechos, es decir, subproductos del reino animal y vegetal.
Sin embargo a pesar de la mala prensa y de la contraofensiva del mercado de productos orgánicos o de la tendencia BARF (una alimentación en base a huesos con alimentos crudos), la comida de paquete se convirtió en un estándar que recorre todas las razas y las clases sociales. La mayoría de los veterinarios también se rindieron ante su poder. "Los buenos alimentos balanceados están elaborados a partir de nutrientes que aportan los requerimientos de proteínas, hidratos de carbono, grasas, mineral y vitaminas. Si es de buena marca y está indicado por un veterinario la nutrición del animal va a resultar muy buena", aclara la veterinaria Nélida Gómez, Jefe del Servicio de Clínica Médica del Hospital Escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA.
Cuando la foto engaña
Sin embargo, la comida para perros transita una zona gris. Además del misterio sobre el origen de sus componentes, parte de la mala imagen de la comida balanceada tiene que ver con la publicidad. Todo el mundo lo sabe: nada de lo que se ve en los envases de comida para mascotas es verdad y como caso de publicidad engañosa es imbatible. Ni los filetes de salmón rosado, ni los pedazos de carne o pollo existen, tampoco esos granos de maíz amarillos y perfectos.
Pero como los perros y gatos no saben leer no pueden ir a la oficina del consumidor a hacer denuncias. Para cubrirse, al lado de las fotos de relucientes pedazos de carne o pescado los fabricantes aclaran que son "ilustrativas" o que "no hacen referencia directa a las características del producto". En otras palabras, están ahí para producir una imagen distorsionada de lo que se está ofreciendo en el paquete. La paradoja es que en la oficina de denuncias de Defensa del Consumidor de la Secretaría de Comercio no tienen registradas denuncias en ese rubro.
¿Puro slogan?
En Estados Unidos, la AAFCO (un organismo mixto que no regula pero elabora informes, dictámenes y cada año publica sus recomendaciones que prácticamente se convierten en un estándar de mercado) llegó a un límite asombroso. Sugirió que las leyendas de los paquetes puedan incluir anuncios "indeterminados", es decir, bajó linea para que se permitan eslogans como "super premium", "larga vida para su animal", "delicias del mar", "perfecto y balanceado" u otras igual de rimbombantes e incomprobables, sin que tenga que haber el mínimo sentido u obligación contractual ni mucho menos pruebas científicas que respalden el anuncio.
Aun siendo discutible, la afirmación de las etiquetas no parece una mala dieta. Todos estos paquetes están decorados con variaciones que aluden a nutrición óptima y balance, pero esto podría ser una verdad a medias. El Cornucopia Institute de Estados Unidos -una especie de ONG que nuclea a granjas y productores de alimentos orgánicos- se puso al hombro la contraofensiva contra la abrumadora presencia de la comida empaquetada y batalla judicialmente contra los grandes fabricantes denunciando la publicidad engañosa o la baja calidad de sus ingredientes.
En sus reportes denuncia que los alimentos comerciales de las grandes compañías se componen -además de harinas, minerales y preparados químicos- básicamente de lo que llaman "animales 4D" por su siglas en inglés, que vendría a ser animales enfermos, muertos por enfermedad, moribundos, o con órganos atrofiados. También afirman que como los ensayos de laboratorio se hacen sobre una pequeña muestra y por cortos periodos de tiempo, las deficiencias de nutrientes y enzimas son indetectables, y sólo aparecen al cabo de un plazo largo.
Así, según ellos, los tests siempre devuelven buenos indicadores y sólo así el lema  de "completo y balanceado" resulta no ser falso. Como sostienen, es mejor que incompleto y desbalanceado, pero no significa que sea lo mejor. La doctora Gómez, que además es titular de la materia Clínica Médica de Pequeños Animales en la facultad, opone una lectura insoslayable a esta descripción apocalíptica y afirma, en cambio, que "esta comida ha aumentado marcadamente la sobrevida y la calidad de vida de los perros y gatos entre tres y cinco años".
Leyes y polémica
La legislación en torno a la comida para animales es vaga. Aquí las aprobaciones corren por cuenta del SENASA, que otorga el sello "alimento completo y balanceado". En Estados Unidos, es la USFDA la autoridad que reglamenta y autoriza alimentos y medicinas, por lo que se vio en apuros cuando estalló en 2007 el gran escándalo por la comida contaminada. El productor mayorista MenuFoods -que vendía sus propias marcas y proveía el producto terminado a varios clientes (Procter&Gamble para su marca Iams, Eukanuba y Royal Canin, entre las más conocidas) quedó en el ojo de la tormenta cuando fue obligada a retirar millones de unidades sospechadas de estar contaminadas con melanina y veneno para ratas. Los fallos en la cadena de suministros y proveedores alcanzaron finalmente a más de cien marcas. El origen de todo fue el proveedor chino de harinas y proteínas de arroz. Las autoridades comprobaron 18 mil perros y gatos muertos por culpa de la comida adulterada.
Una consecuencia de esa crisis fue el surgimiento de nuevas marcas que empezaron a elaborar su productos bajo el paradigma de "Producto Orgánico Certificado". Claro que ese es un mercado para perros y gatos ricos. El kilo de Castor&Pollux, la marca orgánica más cara, cotiza en ocho dólares el kilo para perros adultos. Por otro lado, en Europa se abren paso los pequeños fabricantes de comida ultra premium es decir, elaborada con verdaderos cortes de pollo, carne o pescado deshidratados a baja temperatura elaborados bajo la normativa de alimentación humana. Claro, esos productos, como el Zanuk, cuestan once Euros el kilo.
Para ellos, todo lo que se le mete a su competencia -la comida empaquetada de supermercado- no pasa una inspección sanitaria y por eso están certificados "no apto para consumo humano", y afirman que sólo gracias a un marketing engañoso se pueden convertir unos bocaditos de harinas prensadas e inyectadas en grasa cocinadas a ultra alta temperatura en bocados apetitosos.
Un negocio sin fin
Y así, el negocio de la comida para animales de compañía sigue creciendo y diversificándose año a año, a pesar de las crisis. En Argentina, los fabricantes afilan sus lápices y sus números alrededor de un universo de unos 14 millones de animales de compañía. Entre ellos producen 520 mil toneladas de comida para perros y casi 93 mil de comida para gatos, que en 2015 les hicieron facturar unos 17 mil millones de pesos, según CAENA, la cámara que los agrupa. La competencia por llegar a sus hocicos atrae como presas a las grandes multinacionales. La mayoría de las marcas que se venden en supermercados las producen apenas un puñado de compañías, de las cuales Nestlé y Mars son las que se llevan la mayor parte: entre las dos comercializan más de diez marcas.
Podría parecer un negocio marginal, porque de todas maneras es algo que la gente podría no comprar. Hubo un tiempo en que en las casas su alimentación se resolvía muy fácilmente: se le daban las sobras, y si no sobraba nada se le daba pan mojado en leche o cualquier cosa que les tape la panza hasta que de vez en cuando se le daba un hueso. Se calcula que solamente el diez por ciento de dueños de animales los alimenta con una dieta casera.
El popular combo de carne o menudos con arroz o polenta es la mejor opción para mucha gente. Pero el hecho de que sea cocinada en casa no quiere decir que sea balanceada o la que su perro necesita, como advierte Gómez. "Si se elige una dieta casera, también se requiere el asesoramiento de un veterinario y se deben usar múltiples alimentos que deben ser pesados para que estén las proporciones necesarias. Muchas veces se elige hacer esto, pero sin responsabilidad. Son muy distintos los requerimientos de proteínas o de calcio entre un canino adulto y un cachorro en pleno crecimiento", explica.

La regla vale para la comida de paquete. La gente tiende a comprar por precio, aunque pueden estar metiendo la pata: "Cada animal de compañía tiene requerimientos especiales considerando la especie, edad y características propias. No hay que sobrealimentar o dar alimentos contraindicados, por ejemplo para una determinada enfermedad. Hay muy pocos veterinarios que saben leer una etiqueta para dar con la mejor comida según qué tipo de perro, mucho menos lo podría hacer cualquier consumidor, por lo que muchas veces se apuesta a la formula más cara suponiendo que es lo mejor", afirma la doctora Gómez. De igual modo, darle lomo al perro o salmón al gato tampoco parece ser la mejor idea, por lo que Gómez concluye: "estamos humanizando demasiado a nuestros perros y gatos".

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